Bienvenido a nuestro espacio virtual. Bueno, en realidad, no tan virtual.
Tampoco es “la cocina” una metáfora para un taller de arte – es una cocina,
común y corriente…y además sí, es un taller de arte, y de filosofía. Y tampoco
es tan común y corriente – es pequeña y acogedora. Pero tengo que admitir que a
veces los elementos se mezclan y se desordenan; los platos, recortes de papel,
pinturas, papeles anotados y libros de filosofía. Así nos gusta. De otro modo no
estaríamos aquí todavía.
¿Y Sophia?
¡Ay Sophia! Quizás es más por ella
que por ninguna otra razón que sigamos reuniéndonos…

domingo, 18 de noviembre de 2007

Trogalog


El otro día sacamos el casco “Trogalog” a la calle y le dimos una vuelta al barrio. El Trogalog es un proyecto que tiene su raíz en mi más tierna infancia. El Prototipo I fue una caja de cartón que llevaba puesta en la cabeza para recorrer el jardín de mis papas. El proyecto se descarriló cuando me di en los rosales y salí arañado de espinas y llorando a mocos tendidos.

Me di cuenta que el punto débil del diseño era la falta de visibilidad. El Prototipo II pretendió remediar esta falla de perspectiva con tres espejos – un retrovisor al centro y dos laterales. El retrovisor refleja la vista de los dos espejos laterales que son movibles. Esto permite ajustar las dos imágenes en el retrovisor para que se encajen sin área ciega. Teóricamente aporta una vista adecuada para circular. En la práctica la sensación es un tanto…rara. Y esta es precisamente la gracia. Es lo que convierte una simple actividad de caminar por la calle en un ejercicio de concentración mental y…una aventura.

La idea para el Prototipo II fue inspirada por un ejercicio de “no-hacer” descrito por Carlos Castañeda, en lo cual el practicante camina hacía atrás con el uso de dos espejos laterales. El fin de la actividad es desarrollar la concentración y silenciar la mente. Con la mente silenciosa se abren los portales a otras dimensiones… Sea como sea, caminar con el Trogalog es una experiencia interesante, y el artefacto es, creo, gracioso. Además es una fuente de diversión para los vecinos – “¡Oye Choche! ¿Qué tienes en la cabeza?”